martes, 31 de marzo de 2020

EL SÍNDROME DEL PROTECTOR


A LO LARGO DE LA HISTORIA LOS PERUANOS BUSCAN LA PROTECCIÓN DE ALGUIEN CON PODER Y ESTÁN DISPUESTOS A SACRIFICAR SU LIBERTAD SI EL PODEROSO LOS PROTEGE. SUCEDÍA ASÍ EN TIEMPOS DE LOS HACENDADOS Y TAMBIÉN OCURRIÓ CON LOS DISTINTOS GOBIERNOS AUTORITARIOS DEL SIGLO XX DESDE ODRÍA HASTA FUJIMORI. AGACHAR LA CABEZA FRENTE AL PODEROSO IMPLICA SACRIFICAR LA LIBERTAD A CAMBIO DE LA SEGURIDAD. EL MIEDO PUEDE SER CREADO POR EL PROPIO PODEROSO GRACIAS A LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN O A LAS REDES SOCIALES O PUEDE YA EXISITIR EN LA SOCIEDAD. DURANTE AÑOS EN DIVERSOS LUGARES DEL PERÚ LOS SENDERISTAS FUERON BIEN RECIBIDOS PORQUE LA GENTE SENTÍA QUE PONÍAN ORDEN Y CASTIGABAN A LOS INFRACTORES, LUEGO SE DIERON CUENTA QUE EL PROTECTOR ERA EN REALIDAD UN VERDUGO.

A MAS MIEDO LA GENTE PIDE MAS CASTIGO. EN TODOS LOS CASOS EXISTÍA COMO DENOMINADOR COMÚN EL MIEDO, MIEDO A LA POBREZA, MIEDO AL DESORDEN, MIEDO AL TERRORISMO, MIEDO A LA DELINCUENCIA.. DE PREFERENCIA EL CASTIGO DEBE SER PÚBLICO PARA QUE SIRVA DE ESCARMIENTO A OTROS POSIBLES DESOBEDIENTES. LLAMA LA ATENCIÓN CUÁNTA GENTE ES MÁS PROCLIVE A SOLIDARSE CON LOS POLICIAS Y SOLDADOS (LOS PROTECTORES QUE PUEDEN CASTIGAR) QUE CON LOS MÉDICOS O EL PERSONAL DE SALUD. NO HE VISTO NINGUNA CAMPAÑA DE SOLIDARIDAD HACIA NINGÚN MÉDICO DEDICADO NOCHE Y DÍA A ATENDER PACIENTES CON CORONAVIRUS COMO HACIA EL MILITAR QUE LE PEGÓ A UN JOVÉN EN PIURA.



EL SÍNDROME DEL PROTECTOR

Por Wilfredo Ardito Vega *

A lo largo de la historia, los peruanos buscan la protección de alguien con poder y están dispuestos a sacrificar su libertad si el poderoso les protege.

Sucedía así en tiempos de los hacendados y también ocurrió con los distintos gobiernos autoritarios del siglo XX, desde Odría hasta Fujimori.    

Agachar la cabeza frente al poderoso implica sacrificar la libertad a cambio de la seguridad.    Implica también asumir que el poderoso puede castigar a quien desafía su autoridad.   De preferencia, el castigo debe ser público, para que sirva de escarmiento a otros posibles desobedientes.   

En todos los casos, existía como denominador común el miedo.   Miedo a la pobreza, miedo al desorden, miedo al terrorismo, miedo a la delincuencia.   

Durante años, en diversos lugares del Perú, los senderistas fueron bien recibidos porque la gente sentía que ponían orden y castigaban a los infractores.  Luego, se dieron cuenta que el protector era en realidad un verdugo.    
    
El miedo puede ser creado por el propio poderoso, gracias a los medios de comunicación o las redes sociales o puede ya existir en la sociedad.     A más miedo, la gente pide más castigo.    Así, cuando la gente tiene miedo por sus hijos, pide que se mate a los violadores.    

La lógica es muy peligrosa, porque confiere al protector un poder absoluto y le puede permitir cometer abusos, sabiendo que, paradójicamente, pueden ser bien recibidos porque son una muestra de firmeza.   

En la actualidad, el miedo no ha sido creado por el gobierno, sino que ya existía: el miedo a la enfermedad y la muerte de los seres queridos.    

El miedo se vuelve irracional: se teme inclusive respirar, porque el virus está en el aire.    Y el miedo empalma perfectamente cuando se anuncia que se restringen derechos fundamentales.    Mientras la población debería manifestar su descontento con el confinamiento, mas bien siente que debe aceptar, porque tiene miedo.  

A diferencia de otros países con cuarentena, en el Perú, se celebra el castigo de los desobedientes, los que salen a correr, a pasear al perro o simplemente a darse una vuelta (prácticas que por cierto son excepciones permitidas en la mayoría de países, porque no están asociadas a posibles contagios).     

Los que tienen estas prácticas se han vuelto los nuevos enemigos de la sociedad, que no deben ser corregidos, sino castigados, como si intencionalmente quisieran contagiar a los demás.  

Llama la atención cuánta gente es más proclive a solidarizarse con los policías y soldados (los protectores, que pueden castigar)  que con los médicos o el personal de salud.     

No he visto ninguna campaña de solidaridad hacia ningún médico dedicado noche y día a atender pacientes con coronavirus como sí hacia el militar que le pegó a un joven en Piura.     

Sé que en varios países hay ahora estados de excepción, pero por la tradición autoritaria del Perú, la situación es muy peligrosa, además en una época donde el poder está concentrado en el Ejecutivo.

Por el momento, ha sido más preocupante la reacción de la población que la de los propios militares y policías, quienes en su abrumadora mayoría han evitado cometer abusos y han actuado con prudencia y flexibilidad frente a los ciudadanos.    

Pero el riesgo de más abusos existe, conforme crezca la tensión de la población y la búsqueda de chivos expiatorios.    

Reitero por eso que analicemos nuestros miedos y temores y evitemos avalar el abuso, la prepotencia y la violación de derechos fundamentales.

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* Wilfredo Ardito Vega. 

. Defensor Universitario y Profesor  de la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica del Perú. 

. Docente en la Escuela de Postgrado en  la Universidad Mayor de San Marcos de Perú. 

. Responsable de acceso a la justicia - Instituto de Defensa Legal.

. Observador de Asuntos Indígenas - MINUGUA.

. Human rights activist - United Nations

- Collage: El Blog de Miguel Angel Bayona